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México DF sorprende - Noticias de Viajes
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México DF sorprende


Enviado por vayamundos el Jueves, 01 Enero de 1970 a las 03:33:25

Ahí estábamos intentado descubir la belleza de Distrito Federal y preparadas para hacer turismo por una ciudad de 20 millones de habitantes y calles, al menos una, de 42 kilómetros. Pocas eran las referencias que tenía sobre DF antes de emprender el viaje, pero al final sólo puedo decir que me sorprendió gratamente.

En la parada de metro Indios Verdes tomamos un autocar que nos transportó hasta las pirámides de Teotihuacan...



Sí, el mismo lugar idílico donde ahora EEUU quiere expandir su poder e instalar un gran centro comercial. Dos mariachis nos amenizaron el viaje con su acordeón y su guitarra, mientras en el exterior se sucedían las barriadas apiladas en las laderas de los cerros próximos a DF. Viviendas humildes, depósitos de agua en los tejados, banderas y más banderas mexicanas por todos los lados…

Tomamos una ‚Äėronda de cuota‚Äô y en pocos minutos llegamos a las pir√°mides. La primera que nos recibi√≥ fue la impresionante del Sol. Caminamos dos pasos y me llev√© la sorpresa de que dos compa√Īeros de profesi√≥n de Valladolid (Jos√© Luis y Rosa) estaban all√≠ al pie de la mole de piedra. Entre risas entrecortadas y comentarios ascendimos los cientos de escaleras que nos separaban de la cumbre. La subida fue cansada, pero menos de lo que me pensaba vi√©ndola desde abajo. Adem√°s los escalones eran mucho m√°s c√≥modos y menos empinados que los que hab√≠a visto antes en fotograf√≠as de Chiche Itza, en la Ribera Maya.

La visita a las pir√°mides nos llev√≥ varias horas porque era mucho lo que ver y, sobre todo, mucho m√°s lo que sentir. Vendedores de artesan√≠a nos ‚Äėasaltaban‚Äô en busca de pesos, d√≥lares o euros. Imposible subir a la pir√°mide de la Luna, menos impresionante que la anterior pero asentada en un entorno m√°s arm√≥nico. Un guardia imped√≠a el paso, supuestamente, porque estaban realizando excavaciones en el interior y la seguridad no era total. Al fin nos encontramos con los amigos con los que hab√≠amos quedado el d√≠a anterior y nos fuimos a comer a la Gruta, una ‚Äėturistada‚Äô que bien merec√≠a una visita.

Como la lluvia, características de todas las tardes del mes de septiembre, regresamos a DF, no sin antes tener que soportar cómo algunos policías subían al autocar y chacheaban a los hombres (incluidos los turistas) en busca de pistolas u objetos punzantes.

En metro llegamos al Z√≥calo. Por fin tendr√≠amos la oportunidad de pisar el centro de DF. Septiembre es el mes patrio y los mexicanos, muy patri√≥ticos ellos, estaban de fiesta. En el escenario que ocupaba la parte m√°s pr√≥xima a la Catedral, un ‚Äėgalansote‚Äô acaparaba la atenci√≥n de los miles de mexicanos que, bajo paraguas, ocupaban toda la gran plaza. Rancheras y a bailar, que no todos los d√≠as se est√° en DF escuchando ese tipo de m√ļsica y viendo como ellos se divierten. Hab√≠a que integrarse.

De ah√≠ nos fuimos a la plaza Garibaldi. Nos hab√≠an hablando mal de esa plaza porque el ambiente de las calles aleda√Īas es, como dir√≠an por all√°, ‚Äúun tanto pesado‚ÄĚ. Pesado lo era. De hecho, si no nos hubiera acompa√Īado Adri√°n, quiz√° nos habr√≠amos dado la vuelta a mitad de camino. Por suerte continuamos porque la diversi√≥n estuvo garantizada, pese a la lluvia intermitente.

Los mariachis ofrec√≠an sus servicios y la gente aceptaba por un m√≥dico precio que entonasen una canci√≥n a su madre, a su novia, a su marido‚Ķ La lluvia se hizo m√°s persistente y nos refugiamos en el templete central, donde escuchamos apretujados una decena de canciones, mientras unos ni√Īos, colocados por esnifar pegamento, intentaban acceder al lugar. La imagen me sobrecogi√≥. La hab√≠a visto en varios documentales y reportajes, pero verlo all√≠ me entristeci√≥. Lo peor fue presenciar el trato y el desprecio con el que les trataban algunas de las personas que borrachos se re√≠an de ellos. Me vino a la mente en ese preciso momento las palabras de Adri√°n: ‚Äúlo cotidiano se cotidianiza‚ÄĚ. Qu√© l√°stima y qu√© dura realidad.

A la 1 de la madrugada me encontr√©, por fin, con mis amigos espa√Īoles con los que prosegu√≠ la fiesta. En el taxi de regreso a casa de Bego√Īa y Jacobo fuimos siete personas m√°s el conductor. Impensable en Espa√Īa.

Al d√≠a siguiente nuestro destino fue Xochimilco (tierra de flores). De la parada de Refiner√≠a nos dirigimos a Trasque√Īa, la √ļltima de la l√≠nea azul, muy lejos, donde subimos en un tren ligero hasta ese pueblo caracter√≠stico por sus 180 kil√≥metros de canales y por el colorido que imponen las barcas (trajineras). Este es un lugar donde los mexicanos de DF celebran sus cumplea√Īos o donde pasan un d√≠a en familia. Pocos turistas nos encontramos, aunque para ser sincera no los vimos durante toda nuestra estancia en el pa√≠s. Al poco encontramos el primer embarcadero y tomamos la trajinera Carmelita, adornada con papeles de colores en sustituci√≥n de las tradicionales flores.

1.000 embarcaciones estaban preparadas para ‚Äėsurcar‚Äô los cinco kil√≥metros del canal principal, adem√°s de las que pertenecen a los pobladores de la zona. Atascos inveros√≠miles imped√≠an avanzar m√°s deprisa. Nuestro barquero, Ram√≥n, nos iba explicando por d√≥nde √≠bamos. A ambos lados de los canales exist√≠an casas edificadas con tierra y troncos, que sufr√≠an las filtraciones por tener tan cerca los lagos. Hace muchos a√Īos, este lago debi√≥ estar unido con el Z√≥calo de DF; eso fue antes de que se desecara el casco hist√≥rico de la ciudad. El canal estaba en apariencia sucio, si bien el barquero nos aclar√≥ que la suciedad visual se deb√≠a exclusivamente al lodo del fondo.

Durante las más de dos horas que duró el paseo tuvimos ocasión de que nos tocaran varias canciones unos mariachis, podríamos haber comprado flores, arbolitos, de todo. Por 225 pesos comimos las cinco sobre la embarcación, michote de cordero, marimbo…

Concluido el viaje nos dirigimos al museo de Dolores Olmedo Pati√Īo, donde pudimos contemplar por primera vez la obra de Frida Kahlo y su marido Diego Rivera. De all√≠ al Z√≥calo y vueltas por la ciudad. La Alameda, Bellas Artes, la plaza de la Revoluci√≥n, el monumento a la Rep√ļblica, el restaurante Sambor, donde Zapata desayun√≥ una vez.

Ya era otro día y esta vez nos decantamos por el barrio de Coyoacán para ver la casa de Frida. Ver previamente la película sobre esta sorprendente mujer ayuda, y mucho, a comprender su obra, sus pinturas y sus dibujos. De la casa azul que compartieron Frida y Diego de Rivera nos trasladamos a la de Trotski, donde nos recibió una hoz y un martillo a los pies de la bandera rusa. Allí contemplamos la habitación donde le habían asesinado, su cocina, su vestuario, su comedor, su despacho. ¡Cuántas conversaciones relevantes escucharían esos muros! Los jardines de la casa eran tan acogedores que decidimos comer en su patio antes de dirigirnos al Zócalo de Coyoacán para callejear.

Eran nuestros √ļltimos d√≠as en DF antes de partir para el verdadero viaje: el de las Huastecas para convivir con los ind√≠genas e imbuirnos de su aut√©ntica forma de vida y de todas las violaciones a los derechos humanos a las que les somete el Gobierno de Fox.

Decidimos levantarnos antes para coger el bus tur√≠stico que nos permitir√≠a hacernos una idea de c√≥mo es M√©xico DF ante la imposibilidad de patearse esta macro ciudad de m√°s de 20 millones de habitantes (la mitad de toda la poblaci√≥n espa√Īola). Tomamos el metro en Refiner√≠a, como siempre, direcci√≥n a Tacuba y de all√≠ en la l√≠nea azul al Z√≥calo (dos pesos -25 pesetas- cuesta el metro). Entramos en el Palacio de la Gobernaci√≥n a ver los impresionantes murales de Diego de Rivera que requirieron una explicaci√≥n para comprender de forma visual la historia concentrada de M√©xico. Tan colorista como ilustrativo. Tard√≥ 20 a√Īos en realizarlos y lo hizo de forma gratuita. L√°stima que su muerte impidi√≥ concluir todos los murales que ya ten√≠a preparados.

Al salir del Palacio llegaron las primeras compras en el Z√≥calo, en la misma puerta de la catedral, y eso pese a que el cura persigue la venta ambulante a sus puertas. ‚Äú¬°Qu√© quieren, que robemos!‚ÄĚ, fue la respuesta de una de las vendedoras. El recorrido del bus tur√≠stico, que se coge a la derecha de la catedral, dur√≥ tres horas, pero mereci√≥ la pena porque as√≠ nos hicimos una idea de las dimensiones de esta ciudad. El bosque de Chapultepec, el pij√≠simo barrio de Polanco, la zona Rosa‚Ķ Al bajar eran ya las 16 horas, nos comimos unos tacos callejeros y anduvimos hasta la Ciudadela, donde a las 18.30 hab√≠amos quedado con el resto de la expedici√≥n.

La primera visita a la Ciudadela me decepcion√≥, realmente me esperaba un mercado como los de Per√ļ y no ten√≠a nada que ver. Cambiamos la Ciudadela por el mercado de artesan√≠as de San Juan que, a pocos metros, ofrec√≠a el mismo material a precios m√°s asequibles. Con m√°s bolsas de las que deber√≠amos, nos fuimos desde el metro Balderas hasta Refiner√≠a y de all√≠, a pocos minutos, a la Limeddh (Liga Mexicana por la Defensa de los Derechos Humanos) donde nos aloj√°bamos.

De ahí a nuestro auténtico viaje por el interior de un país que enamora
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